| Castronuño se sitúa en una altura,
bañado por el caudaloso Duero, en terreno quebrado, en plena meseta
castellana y bordeado por las provincias de Valladolid, Zamora y
Salamanca, al sudoeste de la capital de la provincia.
Dista de Valladolid, 56km 934 m., en la actualidad tiene 1.246 habitantes.
Comenzó esta villa por un castillo en las márgenes del río Duero
y junto a la embocadura del Trabancos, debiendo ser su primer nombre
Castro-Benavente, en lo antiguo según unos Toro
el Chico, según otros La Gran Florida del Duero,
por sus amenos y pintorescos valles, denominada así hasta mediados
del siglo XII. Algún cronista dice que tomó el nombre de un antiguo
alcaide del castillo, llamado D. Castro de Nuño,
adulterado después con el actual, siendo la fecha mas verosímil
de la fundación como villa, la situada entre los años 866 a 910
de nuestra era, durante el reinado de Alfonso III de León
a cuyo reino pertenecería durante las batallas y guerra de la reconquista
a los moros, habiendo historiadores que fijan la fecha de su origen
en la época de los romanos.
El primitivo emplazamiento en la época romana, cuando los imperativos
de la defensa privaban sobre cualquier consideración, radicaba no
en la vega, sino en lo alto del cerro, bien comunicado y fácil de
defender. Siendo en el medioevo plaza fuerte, apiñando su caserío
sobre lo alto de la Muela, en torno del castillo, que atestigua
el valor estratégico de su emplazamiento.
Existía en el siglo XI, pues Alfonso X El Sabio,
dice que, cuando Sancho II de Castilla iba en el año 1.072 a desposeer
a su hermana Dª. Urraca de la ciudad de Zamora, durmió una noche
en Castronuño.
A mediados del siglo XII, fue reedificada por Nuño Pérez,
alférez mayor de Alfonso VII, tomando entonces
el nombre de aquel. Muchos caballeros de Salamanca, ayudaron a Nuño
Pérez en su obra, y los prebendados de esta ciudad dieron
ornamentos y libros religiosos para el culto divino.
Aquel monarca, concedió fueron a la villa en el año 1.152. En la
menor edad de Fernando IV “El Emplazaniento”, la
madre de éste, Dª María de Molina, dio Castronuño
con otras poblaciones al infante D. Juan, tío de
rey; Durante el reinado de Pedro I de Castilla
(1.358-1.369) el nombre de la villa se lee algunas veces en la crónica
de dicho monarca.
Juan I (1.379-1.390) se hallaba en Castronuño el
19 de Mayo de 1.382, cuando procedente de Portugal se dirigía a
Medina del Campo a apoyar al Papa Clemente VII en el Cisma.
En tiempo de Juan II (1.406-1454) hijo de Enrique
III y de Catalina de Láncaster, en el
año de 1.439, y a finales de Octubre, este rey, los enemigos del
condestable, y D. Alvaro de Luna, (sobrino del
Arzobispo de Toledo) hicieron alianza en el pueblo “Juntarme pues
en Castronuño compromisario de una y otra parte, y después de muchas
pláticas, altercados y consultas, suscribió el buen rey de Castilla
un tratado de concordia, tan humillante para la autoridad real,
como ventajoso para los confederados, cuyas principales condiciones
eran: Que el condestable D. Alvaro de Luna, saliese
desterrado de la corte por seis meses, sin que pudiese en este tiempo
escribir al rey, ni cartas, ni tratar cosa alguna en daño de los
principales y caballeros de la liga. Que al rey de Navarra y al
infante D. Enrique, su hermano, le serían restituidas
todas las villas y heredamientos que tenían en Castilla, u otras
equivalencias; Que se desarmase toda la gente de armas que estaba
ayuntada por una parte y por otra, y que las villas y ciudades ocupadas
por los conjurados se franqueasen al rey; Que se diesen por nulos
todos los procesos que se habían hecho contra el infante o contra
cualquiera de los aliados. En consecuencia de este convenio, el condestable
D. Alvaro de Luna, salió de Castronuño para Sepúlveda,
villa de que hizo merced el rey en cambio de Cuellar, que quedó
para el rey de Navarra. Después sería sentenciado como “culpable
de haber hechizado al rey” condenándole a muerte, siendo degollado
en Valladolid el 3 de junio de 1.453.
Bajo el reinado de Enrique IV, el audaz alcaide
Pedro de Mendaña, a quien pone Guevara entre los famosos tiranos,
oprimía a toda la comarca. Afirma Pulgar, que las ciudades de Burgos,
Salamanca, Ávila, Valladolid, Medina, y otras se vieron obligadas
a pagar tributo, pues era el único camino que tenía para libertar
a sus territorios de la rapacidad de aquel bandido. Durante el reinado
de Enrique IV (1.454-1474), y los tres siguientes
hasta 1.477, es cuando tiene lugar el periodo “cumbre” de la historia
de Castronuño. Hijo del rey D. Juan II y de Dº
Catalina de Láncaster, Enrique IV, nació
en Valladolid en 1.425 y murió en Madrid el 11 de diciembre de 1.474.
A su advenimiento al trono, D. Enrique encontró el país desmoralizado.
A comienzos de 1.462, el nacimiento de una hija compensó de momento
los sinsabores de rey, aún cuando más tarde viniera a aumentarlos.
Púsosele de nombre Juana, y pocos meses después fue jurada en las
cortes de Madrid como princesa de Asturias y heredera de la corona.
Pero todas las clases sociales abrigaron la convicción de que aquel
fruto no era de legítima procedencia y si de los adúlteros amores
le la reina (Dº Juana, princesa de Portugal) con el apuesto D.
Beltrán de la Cueva. Y desde allí la inocente infanta,
fue conocida con el mote de La Beltraneja. Continuaban
entre tanto las diferencias con Aragón; catalanes y castellanos
estaban a punto de declararse en plena rebelión. Así las cosas,
surgen dos bandos, por un lado los partidarios del rey Enrique
IV, y por otro los del infante D. Alfonso.
La guerra estalló por fin. Al poco tiempo el inesperado fallecimiento
del infante D. Alfonso. Muerto este, los rebeldes
volvieron la vista a Dª Isabel. D. Enrique
deseoso de paz y tranquilidad, transige y se reúne con su hermana
Dª Isabel, para preparar las condiciones de la
sucesión al trono. De estas reuniones, surge el Pacto de los Toros
de Guisando, cuya conclusión fundamental, es que a la muerte de
Enrique IV, su sucesora en el trono será ella,
descartando a Dª Juana La Beltraneja.
Este pacto, es celebrado a consecuencia de la conferencia de Castronuño,
(Agosto de 1.468). En este pacto Dª Isabel había
jurado no casarse sin el consentimiento de su hermano, y aún así
contrajo matrimonio con el infante Fernando de Aragón.
Este enlace, desagradó al rey. En su cólera, resolvió anular el
acto por el cual había excluido del trono a La Beltraneja, aduciendo
que Dª Isabel había violado el pacto de Los Toros
de Guisando, que no la reconocía como hermana, y que solo la infanta
Dª Juana era su legítima heredera. Los disturbios
de Castilla eran mayores que nunca, y fueron creciendo hasta finales
del reino.
Algunos fieles, aprovechando las circunstancias, llevaron a cabo
una reconciliación entre Isabel y su hermano. Este que era de un
natural bondadoso, no puso ningún inconveniente. Fue la infanta
a Segovia (Diciembre 1474) y el rey la recibió con fraternal cariño,
al igual que a D. Fernando, su esposo. La paz fue,
sin embargo, de corta duración, por cuando habiendo asistido el
rey a un banquete para celebrar su armonía con los reyes de Sicilia
(Isabel y Fernando), sintiose luego indispuesto y casi le convencieron
que había sido objeto de una tentativa de envenenamiento. Repuesto
un tanto, el rey regresó a Madrid, donde murió la noche del 11 al
12 de diciembre de 1474. Con la muerte de Enrique IV,
Castilla se disgrega aún más, por un lado los partidarios de que
suba al trono la infanta Dª Isabel, cuyos derechos
tenían sus fundamentos en el pacto de Los Toros de Guisando: por
otro los partidarios de la infancia Dª Juana, los
cuales defendían que era la sucesora legal al trono, al ser revocado
y anulado por D. Enrique, declarando a la hora
de su muerte “A Dª Juana por su verdadera heredera y sucesora a
sus reinos”.
En este momento, Dª Isabel contaba con el apoyo
de la mayor parte de las ciudades de Castilla, sus enemigas eran
Madrid, así como también Zamora, Toro y Castronuño, que fueron el
foco principal de aquella guerra. Conocedora Isabel de la situación
dispone lo necesario para tomar estas ciudades, comenzando por Madrid.
Entonces los grandes, sus contrarios, apremiaron al rey de Portugal
para que viniese a Castilla, el cual así lo hizo, siendo lo primero
que hizo al llegar, contraer matrimonio con su sobrina Dª
Juana, en Plasencia. Posteriormente se dirigió hacia Castilla
con sus tropas, quedando así declarada la guerra de sucesión por
el trono entre Juana la Beltraneja, Alfonso
V de Portugal y los Reyes Católicos. Tras numerosas batallas,
tres ciudades importantes les quedan a Isabel y Fernando
por conquistar: Zamora, Toro y Castronuño, el día
primero de noviembre de 1476, estando Dª Isabel
en Toro , ordenó a D. Fernando, a D. Fabrique Manrique
y a D. Luis, hijo del conde de Buendía, poner sitio
a Castronuño, y considerando que no iban a ser suficientes sus gentes,
mandó que todas las fuerzas que habían sitiado las fortalezas rendidas,
fueran a Castronuño, con el Duque de Villahermosa.
Diéronse a partido los de Cubillas, Sieteiglesias y Cantalapiedra;
pero Castronuño, se preparó a combatir hasta la muerte. El alcaide
Pedro de Mendaña, al frente de su hueste de bandidos,
resistió con bravura a los sitiadores, un día y otro día, teniendo
D. Fernando que acudir en auxilio de los suyos.
Aunque la villa fue tomada, los valerosos defensores de la fortaleza,
se resolvieron a vender caras sus vidas. Entonces D. Fernando
entró en tratos con Mendaña, quien marchó a Portugal con la gente
y bienes que tenía en el castillo, dándosele por la artillería y
bastimentos que quedaron en el castillo 7.000 florines de oro de
Aragón.
Escarmentados los naturales de la villa, de los males de la guerra,
derribaron las murallas de la fortaleza, para evitar en lo sucesivo
la repetición de aquellos hechos. En cuanto a su historia (año 1849)
mas reciente, cabe decir que Castronuño en la antigüedad, constaba
de 416 casas; la Consistorial en cuya planta baja se hallaba la
cárcel, dos escuelas de instrucción primaria para niños, dotada
la una con 1.800 reales del fondo de propios y concurrida por 50
alumnos, y la otra sin más dotación que la convenida con los padres
de los 70 discípulos que asisten; Hay también una
enseñanza de niñas, en la que además de las tareas propias del sexo,
se enseña a leer y cuya maestra recibe de los fondos públicos 200
reales. Una iglesia parroquial (Santa María del Castillo) servida
por un prior nombrado por la asamblea de la orden, y una ermita
ayuda de parroquia (El Santísimo Cristo de San Juan) edificada según
tradición en el mismo sitio que ocupó un castillo titulado de “
La Muela”, aprovechando las piedras de este.
El cementerio se halla fuera de la villa, en lugar donde no ofende
a la salud pública. Inmediatos a las casas, hay varios manantiales,
de buenas aguas, a los cuales ya hemos hecho referencia, especialmente
el del Caño, que surge de agua a la mayor parte del pueblo y que
se halla en un punto delicioso, que forma un valle con arbolado
de chopos y olmos, y fértiles huertas con frutales. Dentro de él,
se encuentra dos dehesas, que son denominadas como Dehesa de Carmona,
y Dehesa de La Rinconada, bien poblada ésta de encinas.
La población es de 416 vecinos, su capital productivo es de 812.281
reales, impuestos 1997.110 reales, contribuciones en todos los conceptos
23.438 reales, y su presupuesto municipal es de 21 reales, que se
cubren con los productos de propios y arbitrios.
Decir que hasta la segunda mitad del siglo XIX, el ayuntamiento
poseía un patrimonio rústico de má de 2.000 Has., constituido principalmente
por las fincas conocidas por monte Cuesta, La Rinconada, Las Cáñamas
y la Dehesa de Carmona. En 1.845, el patrimonio rústico de más de
2000 fanegas de bienes propios y otra superficie parecida de bienes
comunales. Este patrimonio, constituía la mayor fuente de ingresos
del erario público, y para muchos vecinos su medio de vida, por
lo que la población de aquel entonces sobrepasaba los 3.000 habitantes.
Por necesidades del estado, Castronuño tuvo que ceder el monte Cuesta
y la Rinconada por un precio de 800.000 reales que no recibió en
metálico sino por un titulo acreditativo o “Lamina intransferible
de la inscripción nominativa de la deuda perpetua inferior al 3%
hoy al 4% produciendo en la actualidad una renta líquida anual de
4.350Pts. Este hecho, supuso el empobrecimiento progresivo pero
lento de muchas familias, que se quedaron de la noche a la mañana,
sin su medio ancestral de vida, por lo que se buscó la forma de
dotar de tierras a los afectados, del patrimonio que le quedaba
al ayuntamiento.
En 1.861, se realizó la entrega de tierras del pago de las cañamas
a los solicitantes. A caballo entre las décadas de los 30 y 40 a
Castronuño le fue expropiando el mejor y más fértil terreno de su
vega, para la construcción y puesta en funcionamiento de los canales
de San José y de Toro y la central Hidroeléctrica.
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